“Como familia humana, estamos juntos en esto, y lo superaremos juntos”. Son declaraciones del secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, respecto a la expansión del COVID-19 por todo el mundo. La afectación está siendo tremenda para todos a nivel personal y, por supuesto, también para la actividad económica. Es evidente que cada uno desde su ámbito tiene un grado de responsabilidad en la superación de la pandemia.

Las actividades que participan en la cadena de abastecimiento del mercado y en el funcionamiento de los servicios de los centros de producción de bienes y servicios de primera necesidad (como los productos alimentarios y farmacéuticos) se encuentran entre los servicios esenciales. No se les aplican, pues, las restricciones a la movilidad que regula el decreto-ley 10/2020, aprobado el 29 de marzo por el gobierno español.

Como partner de co-packing de marcas que distribuyen alimentos y productos farmacéuticos, en Mark-Pack tenemos la responsabilidad de garantizar la cadena de suministro. Es una responsabilidad triple: con nuestros clientes, con el consumidor final y con nuestra plantilla.

El Pacto Mundial, una iniciativa de la ONU que promueve la responsabilidad social empresarial y cuenta con más de 13000 adhesiones de 170 países, ha llamado la atención sobre el impacto económico que el COVID-19 puede tener sobre los más vulnerables: pequeñas empresas, trabajadores de la cadena de suministro y mujeres. Para evitarlo, pide determinación, solidaridad y prudencia.

En concreto, reclama entornos laborales seguros; respuestas flexibles, compasivas y solidarias al impacto en empleados y socios comerciales, especialmente en PYMEs; la aplicación del teletrabajo y de las reuniones virtuales; y el cumplimiento de los contratos con los proveedores.

El compromiso de las empresas con la sociedad

Numerosas empresas están poniendo en práctica durante estos días, más que nunca, la Responsabilidad Social Corporativa (RSC). Las que tienen la posibilidad de hacerlo, incluso están cambiando sus procesos de producción para adaptarlos a las necesidades de la sociedad. Compañías del sector textil están tejiendo batas y mascarillas; firmas tecnológicas están fabricando respiradores y máscaras protectoras mediante la impresión 3D; marcas de cosméticos se han puesto a producir geles desinfectantes, etc.

Vivimos un momento histórico extraordinario que requiere de medidas extraodinarias, y que todo aquel que tenga la posibilidad de hacerlo aporte sus medios para superar la crisis. La RSC puede limitarse en ocasiones a operaciones de imagen: con una mínima inversión social, la marca obtiene un importante retorno comercial. La lucha contra el coronavirus, sin embargo, implica un verdadero compromiso. Las operaciones de imagen en una situación tan grave como la actual probablemente acaben siendo una mala idea en cuanto a reputación.

El compromiso de Mark-Pack, como apuntábamos más arriba, es con nuestros clientes, primeras marcas de los sectores de la alimentación y farmacéutico, fabricantes y distribuidores por tanto de productos de primera necesidad; con los consumidores finales, que esperan encontrar esos productos en el lineal del establecimiento comercial más cercano; y con nuestra plantilla, que se ha adaptado a la situación con la profesionalidad que siempre la ha caracterizado.

Desde que saltó la alarma sanitaria, hemos adoptado las medidas de precaución y los protocolos de higiene y salud necesarios, sin interferir en la actividad productiva, precisamente para cumplir con nuestra responsabilidad. No podemos adaptar nuestros procesos para fabricar batas o mascarillas, pero aplicar el teletrabajo y proteger la salud de nuestras empleadas para garantizar el mantenimiento de la cadena de suministro también es un ejercicio de RSC.